Exposición "Creaciones imaginarias, realidades animadas"

Exposición "Creaciones imaginarias, realidades animadas"

Lugar: Sala Mochica
Fecha: de martes a domingo, entre el 7 y el 31 de mayo del 2026
Hora: de 10:30 a.m. a 6:00 p.m.


Presentación

La historia de la animación en el Perú es, en muchos sentidos, la historia de una persistencia. Una práctica que ha crecido entre márgenes —tecnológicos, industriales y económicos— pero que, precisamente por ello, ha desarrollado una identidad singular: híbrida, artesanal y profundamente vinculada a las transformaciones culturales del país.

Hasta la década de 1970 el desarrollo de la animación en nuestro país fue poco alentador. La carencia de fuentes de financiación, los altos costos de producción y la ausencia de un marco legal sólido e integral para la cinematografía peruana impidió el desarrollo de una industria capaz de realizar producciones audiovisuales de gran escala. No es sino hasta la promulgación del Decreto Ley Nº 19327: Ley de Fomento de la Industria Cinematográfica en 1972, que se genera un relativo incremento en la producción fílmica y se originan las primeras animaciones de cine de autor. Asimismo, cobra protagonismo la publicidad como un medio atractivo y rentable para los realizadores de animación, debido a la demanda laboral que esta generaba.

El cambio de siglo marcó un punto de inflexión. La llegada de herramientas digitales amplió las posibilidades de producción y permitió la emergencia de nuevos estudios, así como el desarrollo de largometrajes animados que comenzaron a dialogar con el mercado internacional. En paralelo, el cortometraje animado se consolidó como un espacio privilegiado de libertad creativa. Es en este terreno donde se han articulado discursos más íntimos, políticos y experimentales, muchas veces vinculados a identidades regionales, lenguas originarias y memorias colectivas. La animación, en este contexto, se revela no sólo como técnica, sino como forma de pensamiento: una manera de reconfigurar lo visible y de imaginar otras realidades posibles.

Esta retrospectiva tiene como objetivo propiciar el aprendizaje sobre la evolución que tuvo y tiene la animación peruana dentro de la industria cinematográfica. Muchas de estas obras provienen de archivos personales resguardados y cedidos por cada creador y creadora, así como de preservadores y especialistas del sector, siendo evidencia en su conjunto de años de trabajo, y piezas clave dentro de nuestra memoria audiovisual.

Más que una historia lineal, lo que aquí se despliega es un territorio en movimiento: un mapa incompleto, vibrante y abierto, donde cada obra es también una pregunta sobre las formas de narrar, de representar y de imaginar el Perú, proponiendo una mirada que reconoce tanto los logros como las discontinuidades, los hitos visibles y las historias aún por contar.

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Primera animación en movimiento

En 1957, se estrenó en el antiguo Cine Metro de Lima una de las primeras creaciones animadas del Perú: Sorpresas limeñas. La obra fue animada por Rafael Seminario Quiroga, y contó con el financiamiento de la empresa J. R. Lindley e Hijos S.A. como parte de una campaña promocional. El cortometraje, realizado en Technicolor y con una duración aproximada de cinco minutos y treinta segundos, presentaba una visión caricaturizada de la ciudad de Lima, incluyendo escenas de una pareja de personajes con trajes típicos que bailaban marinera, una torre del Parque Universitario humanizada y otros elementos inspirados en la cultura popular limeña. Actualmente, se desconoce el paradero de la cinta original o algún material fílmico conservado, por lo que la existencia de la obra solo cuenta con evidencia a través anuncios periodísticos y testimonios de la época. 

Animación publicitaria

Durante la década de 1960, la señal de la televisión peruana estuvo en su maximo apogeo, en este contexto, la publicidad televisiva comenzó a incorporar cada vez más recursos animados. Según las investigaciones de Raúl Rivera Escobar (2010), las primeras animaciones publicitarias fueron realizadas para la compañía Backus y Johnston. Esta experiencia dio paso al desarrollo de cuñas animadas y, posteriormente, de breves relatos protagonizados por personajes animados memorables.

El incremento de la demanda publicitaria llevó a numerosas empresas a contratar los servicios de animadores y dibujantes, quienes asumían diversas funciones dentro del proceso de producción, entre ellas el diseño, la animación, el entintado y la planificación técnica de las secuencias. La metodología de trabajo era esencialmente artesanal: cada fotograma era el equivalente a una lámina de acetato. Por lo cual, cada lámina era dibujada, delineada y entintada a mano, una por una, por lo que los animadores solían apoyarse en asistentes. Algunos desarrollaban sus proyectos en talleres propios, mientras que otros debían instalarse en los estudios de televisión. Entre los principales exponentes de este período destacan Sadi Robles, Rafael Seminario, Luis Cáceres, Pedro Vivas, Hugo Guevara, Pepe San Martín, Félix Nakamura, de origen venezolano, y Jorge Caro, procedente de Argentina, entre otros, quienes realizaron una importante cantidad de obras publicitarias, educativas e institucionales.

Cortometrajes animados bajo la Ley Nº 19327

En 1970, el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas encabezado por el general Juan Velasco Alvarado, promulgó el Decreto Ley N.° 19327, Ley de Fomento de la Industria Cinematográfica (1972). Como parte de su implementación se creó la Comisión de Promoción Cinematográfica (COPROCI), organismo encargado de administrar los mecanismos de apoyo a la producción nacional. Esta normativa impulsó significativamente la realización de cortometrajes peruanos, al establecer su exhibición obligatoria en las salas de cine antes de cada función comercial.

Aproximadamente veintisiete proyectos de cortometrajes animados lograron acceder a los beneficios de la ley. Algunas de estas producciones estuvieron orientadas a difundir políticas públicas y proyectos promovidos por el Estado. Tal es el caso de Pacto Andino y País sin desarrollo, obras que empleaban recursos persuasivos narrativos y visuales de la animación para explicar de manera didáctica acuerdos de integración regional, reformas y medidas impulsadas por el gobierno. También es importante mencionar obras como Nuestro pequeño paraíso, del realizador uruguayo Walter Tournier, constituye una de las primeras experiencias de animación stop motion desarrolladas en el país, destacando tanto por su calidad técnica como por la relevancia de los temas abordados. A estas producciones se suman Cuniraya Viracocha y Animatógrafo, realizadas por Antarki Films, estudio dirigido por Benicio Vicente Kou. La trayectoria de este realizador y de su empresa resultó fundamental para el desarrollo de la animación peruana, tanto por la cantidad de obras producidas como por su aporte a la experimentación técnica y a la formación de nuevos profesionales.

Desde 1990, los beneficios tributarios derivados del Decreto Ley N.° 19327 fueron modificados progresivamente, hasta que la normativa fue finalmente derogada en 1992 por el gobierno de Alberto Fujimori. Dos años más tarde, el Congreso Constituyente Democrático promulgó la Ley N.° 26370, Ley de la Cinematografía Peruana, que reformularía el sistema de apoyo estatal al cine a través de la creación del Consejo Nacional de Cinematografía (CONACINE), institución que asumiría la promoción del cine nacional mediante concursos y un fondo de estímulo.

Creando historias en 2D

Durante la década de 1970, la producción de animación publicitaria en el Perú se realizaba mediante técnicas completamente artesanales. El proceso comprendía desde el diseño de personajes hasta el entintado y coloreado manual de cada lámina de acetato. En muchas ocasiones, debido a las limitaciones presupuestarias de las producciones, un mismo animador asumía la mayor parte de las etapas del trabajo, incluyendo la elaboración de bocetos, la animación de los movimientos principales, los dibujos intermedios, el delineado, la colorización de los acetatos y la coordinación con los encargados de fondos y fotografía.

La animación se producía fotograma por fotograma mediante la superposición de láminas transparentes de acetato sobre fondos estáticos. Para obtener un segundo de animación se requerían, como mínimo, doce dibujos diferentes, aunque algunas producciones empleaban mayores cantidades para lograr movimientos más fluidos. Cada lámina debía mantener una continuidad precisa con la anterior para generar el efecto de movimiento cuando era fotografiada por la cámara de animación.

En el caso de determinados comerciales televisivos que combinaban imagen real y animación, primero se filmaban las escenas con actores. Posteriormente, los fotogramas eran positivados y utilizados como referencia para integrar personajes, textos o elementos animados dibujados sobre acetato. Finalmente, cada composición era fotografiada cuadro por cuadro mediante cámaras especializadas, dando lugar al producto audiovisual definitivo.

A pesar de las limitaciones técnicas y económicas de la época, estos métodos permitieron el desarrollo de una importante producción de animación publicitaria e institucional, así como la formación de profesionales que sentaron las bases de la animación peruana contemporánea.

Décadas después, en 1996, se estrenó Al encuentro con Jesús, considerada la primera experiencia peruana de largometraje animado en 2D. La producción fue impulsada con el apoyo de la Iglesia Católica y contó con la participación del animador Javier Prado, constituyéndose en un hito dentro de la historia de la animación nacional.

Vidas animadas en 3D

La incorporación de herramientas informáticas a los procesos de animación comenzó a transformar la producción audiovisual durante las décadas de 1980 y 1990. La llegada de las primeras computadoras y programas permitió agilizar diversas etapas del trabajo, reduciendo los tiempos de producción y facilitando tareas que anteriormente se realizaban de manera manual.

Durante la década de 1990, el acceso a software de animación se hizo cada vez más frecuente y comenzaron a desarrollarse las “cuñas animadas”, que incorporan animación en 3D. Estas tecnologías permitieron modelar personajes y objetos, otorgándoles volumen y profundidad. Sin embargo, el dominio del dibujo, la composición visual y los principios clásicos de la animación continuó siendo fundamental para la producción de obras de calidad.

Dentro de la historia de la animación digital peruana destaca Piratas en el Callao (2005), primer largometraje peruano realizado íntegramente en animación 3D. Basada en la novela homónima de Hernán Garrido-Lecca, la película fue producida por Alpamayo Entertainment y dirigida por Eduardo Schuldt. Su estreno constituyó un hito para la industria audiovisual nacional al demostrar la viabilidad de producir largometrajes animados mediante tecnología digital. A esta producción le siguieron otros proyectos de animación tridimensional, como Dragones: destino de fuego (2006), El delfín: la historia de un soñador (2009), entre otros.

Además de la animación tradicional y digital, actualmente se utilizan diversas técnicas, entre las que destacan:

  • Animación stop motion: Consiste en fotografiar de manera secuencial objetos físicos, figuras articuladas o maquetas, realizando pequeñas modificaciones entre cada toma. Al reproducir las imágenes de forma continua, se genera el efecto de movimiento.
  • Animación cut out: Técnica 2D en la que personajes, objetos y fondos se construyen a partir de piezas independientes de papel, cartón o elementos digitales. Estas partes se articulan y animan de manera separada, como si se tratara de marionetas, reduciendo la necesidad de dibujar cada fotograma individualmente.

La animación en las aulas académicas

La enseñanza formal de la animación tuvo un desarrollo relativamente tardío en el Perú. Durante varias décadas, la formación de nuevos profesionales dependió principalmente de la transmisión de conocimientos entre animadores experimentados y de la práctica desarrollada en estudios y productoras. En este contexto, pioneros como Rafael Seminario, Sadi Robles, Pepe San Martín y Benicio Vicente impartieron talleres y cursos de manera independiente, contribuyendo a la formación de las primeras generaciones de animadores nacionales.

Asimismo, las casas productoras desempeñaron un papel fundamental como espacios de aprendizaje, donde numerosos jóvenes adquirieron experiencia práctica en las distintas etapas del proceso de animación. Según señala Rivera (2010), a partir de la década de 1980 el Instituto de Educación Superior CESCA incorporó el curso de Dibujo Animado dentro de una de sus carreras técnicas, convirtiéndose en uno de los primeros centros de enseñanza en ofrecer formación especializada en esta disciplina. De sus aulas surgieron profesionales como Augusto Cabada, Javier Prado, Máximo Geldres y Carlos Elorriaga, quienes posteriormente desarrollarían importantes proyectos dentro de la animación peruana.

A comienzos del siglo XXI, la oferta académica relacionada con la animación comenzó a expandirse. Desde 2001, el Instituto Toulouse Lautrec incorporó cursos de animación en las mallas curriculares de sus programas vinculados al diseño y la producción audiovisual. Entre sus egresados destaca Eduardo Schuldt, quien años más tarde dirigiría y desarrollaría proyectos emblemáticos como Piratas en el Callao (2005), considerado el primer largometraje peruano realizado íntegramente en animación 3D.

Posteriormente, diversas instituciones de educación superior incorporaron asignaturas y programas especializados en animación dentro de las carreras de Comunicación, Diseño, Artes Digitales y Producción Audiovisual. Este proceso contribuyó a la profesionalización del sector y a la formación de nuevas generaciones de animadores, favoreciendo el crecimiento sostenido de la industria de la animación en el Perú.

La animación durante CONACINE

En 1994 se creó el Consejo Nacional de Cinematografía (CONACINE), organismo encargado de promover y fomentar la actividad cinematográfica en el país. Ese mismo año entró en vigor la Ley N.° 26370, conocida como Ley de la Cinematografía Peruana, la cual estableció un sistema de concursos destinados a financiar la producción audiovisual nacional. La norma contemplaba la realización anual de concursos para largometrajes y cortometrajes, constituyéndose en uno de los principales mecanismos de apoyo estatal al cine peruano.

Los concursos de CONACINE representaron una oportunidad importante para el desarrollo de la animación peruana. En 1998 fue premiado Tradiciones peruanas, considerado el primer cortometraje animado en obtener un reconocimiento dentro de este sistema de estímulos. La presencia de proyectos animados en los concursos continuó siendo limitada. Doce años después, el cortometraje Danza macabra (2010), dirigido por Diego Vizcarra y realizado mediante la técnica de stop motion, obtuvo también un reconocimiento, destacando por su propuesta estética inspirada en el humor negro y en una iconografía de rasgos grotescos.

A partir de la década de 2010 se incrementó progresivamente la participación de proyectos de animación en los concursos estatales. Entre las producciones ganadoras destacan El zorro y el cóndor (2011), realizada en stop motion e incorporando diálogos en lengua quechua, y El zorro enamorado de la luna (2012). Estas obras, evidencian el creciente interés de los realizadores por explorar técnicas diversas e incorporar elementos de la tradición oral y cultural peruana, dentro del lenguaje de la animación.

La presencia cada vez más frecuente de proyectos animados en los concursos públicos, contribuyó a visibilizar la animación como una disciplina cinematográfica con identidad propia y favoreció el desarrollo de nuevas propuestas autorales en el ámbito nacional.

Nuevas miradas

En 2013, el Ministerio de Cultura fortaleció las políticas de fomento audiovisual a través de la creación de la  Dirección del Audiovisual, la Fonografía y los Nuevos Medios (DAFO), entidad que amplió progresivamente las líneas de apoyo económico destinadas a la producción audiovisual nacional. A lo largo de los años se implementaron concursos específicos para proyectos de animación, entre ellos los estímulos para el desarrollo de largometrajes animados, la realización de cortometrajes, la preproducción de largometrajes de animación, pilotos de series y otras modalidades vinculadas a la creación audiovisual. Gracias a estos mecanismos de financiamiento, decenas de proyectos de animación han podido desarrollarse y concretarse, contribuyendo al crecimiento y profesionalización del sector.

Entre las producciones destacadas de los últimos años se encuentra Martina y Rigoberto (2018), considerada la primera serie peruana realizada íntegramente mediante la técnica de stop motion. Un año después se estrenó Ciudad Jardín (2019), reconocida como una de las primeras series animadas peruanas desarrolladas para televisión, ambas emitidas por el canal IPE y dirigidas al público infantil y familiar.

En la actualidad, la animación peruana atraviesa una etapa de expansión y diversificación. Cada vez son más los estudios y realizadores independientes que exploran distintas técnicas, formatos y propuestas narrativas. Lejos de limitarse al entretenimiento infantil, muchas de estas producciones establecen diálogos con temas relacionados con la identidad cultural, la memoria histórica, la diversidad lingüística, el patrimonio y las problemáticas sociales contemporáneas. Las historias representadas abarcan desde relatos inspirados en tradiciones y experiencias reales hasta universos fantásticos, experimentales o surrealistas. Al mismo tiempo, pone en evidencia el esfuerzo y el desarrollo que se realiza en las obras animadas en el Perú, consolidando una industria que continúa creciendo y ampliando sus horizontes creativos.

A más de seis décadas del estreno de Sorpresas limeñas (1957), la animación peruana ha transitado desde iniciativas pioneras y esfuerzos individuales hasta convertirse en un campo de creación audiovisual diverso y en constante desarrollo. Su evolución refleja no solo los avances tecnológicos y profesionales del sector, sino también la capacidad de la animación para representar y reinterpretar las múltiples identidades, memorias e imaginarios que conforman la sociedad peruana.


Agradecimientos:

  • Oficina General de Estadística y Tecnologías de la Información y Comunicaciones
  • Equipo de guías de la Dirección General de Museos
  • Muriel Holguín 
  • Raul Rivera Escobar
  • Sadi Robles Falcón 
  • Gonzalo Pflücker
  • José-Carlos Mariátegui
  • Jimy Carhuas Tintaya
  • Elva Arrieta Tabuzo
  • Hernán Garrido-Lecca
  • Alejandra Sofía Ponce Pumalloclla
  • Joselyn Herrera García
  • Katherine Mallma Falcón
  • Cecilia Carrión Ramos
  • Scarlett Huanis Rivera
  • Andrés Leonardo Veramendi Lema

Referencias bibliográficas:

  • Rivera, R. (2010) El Cine de animación en el Perú: bases para una historia (1952-2009)
  • Carbone (2016). El cine en el Perú. El cortometraje: 1972-1992. Universidad de Lima
  • Félix Terrones, « El cine peruano de animación digital o la aparición de un nuevo paradigma audiovisual en América latina », L'Âge d'or [En línea], 9 | 2016, Publicado el 01 marzo 2016, consultado el 20 abril 2019
  • Perla, J. (1991) "Censura y promoción en el cine". Universidad de Lima
  • Del Rio, S. (2020) "Entrevista con el maestro Benicio Vicente: Aprendiendo animación de la mano de un maestro peruano". Memoria gráfica. (13)